Espyder y el teatro

 

A partir de entre los años de 1993 y 1994 (recuerdo), fué que el Teatro se apoderó de mi vida y de forma mas concreta – la actuación –.

Todo empieza cuando en los años antes mencionados me encontraba realizando mis estudios de nivel básico en el colegio y mi edad era la común para estar cursando esos ciclos, entre los 14 y 15 años, pleno en la pubertad. Como era lógico, mis obligaciones se resumian a solamente estudiar y mis intereses, de alguna manera la antítesis a mis obligaciones obviamente, eran jugar futbol, ver tele, pero sobre todo andar en la calle jugando lo de la temporada. En el colegio, por ser solamente de varones, se daba mucho la holgazanería y la vagancia, con el tiempo me gustó ir a jugar billar y años más tarde echarme mis chelitas. En fin, no tratando de desviarme del tema, que en este caso es el teatro, pues resultaba que entre otras actividades extra-aulas, se encontraba la de asistir al teatro, que por cierto se daba de alguna manera coercitiva ya que teníamos que hacer un resumen o algun escrito sobre la actividad en turno y por supuesto… tenía un punteo!!; el caso es que había que asistir, de mala gana, obligado y sobre todo teniendo en cuenta de que en ese entonces yo relacionaba “teatro” con aburrimiento total.

Como era común, con el resto de mis compañeros – a excepción de los nerdos – al recinto nada mas llegabamos a platicar, molestar, comer y hasta dormir; recuerdo que generalmente nos llevaban al Gran Teatro Nacional donde ví, “el señor presidente”, “los árboles mueren de pie”, “leyendas de guatemala”, digamos una buena cantidad de puestas en escena, sin embargo la que verdaderamente despertó mis inquietudes fue “Lazarillo de Tormes” que fué montada y actuada por Jorge Hernández Vielman, entonces me impactó la forma de actuar y sobre todo la voz (lo cual años más tarde, aprendí que no es lo mismo hablar fuerte que gritar).

Dado que Jorge es mi vecino y a pesar de vivir la experiencia de la obra de teatro antes mencionada, no fué en ese momento que entré al mundo del teatro, más bien todo quedó como una experiencia fuera de serie, pero hasta allí. Cuando me gradué y entré a la universidad, estudié administración y no me gustó, luego me cambié de universidad y por supuesto de carrera y tampoco resultó y me iba decepcionando ya que pasaba el tiempo y me volvía otro más del montón que no sabía ni qué quería estudiar mucho menos qué iba hacer el resto de mi vida, fué frustrante!!! Pero entonces todo se vuelve bien circunstancial, ya que uno de mis mejores amigos y también vecino mío, Javier García quien es locutor profesional, me enseñó de manera tácita que uno tiene que estar en lo que le gusta, fué cuando en la escuela de ciencias de la comunicación comencé a estudiar Locución Profesional y de lo cual también hay un sinnumero de vivencias y anéctodas, pero por razones obvias no las voy a plasmar ahora.

Cuando estaba estudiando, pensé que sería bueno para darle matices a la voz y todo eso, estudiar algo que me hiciera desenvolverme, fué entonces que decidí, junto con otro amigo, hacer hincapié a un anuncio en un matutino que decía: “taller intensivo de arte dramático”, que se impartía en el TAU (teatro de arte universitario). Fué allí donde varios años después, volví a recordar aquella obra de teatro que me impactó y donde empezaba a llamarme la atención, el vestuario, el maquillaje, la caracterización, las luces y sonido pero sobre todo, personificar a alguien que no es uno; además de formar una disciplina y un compromiso enorme con el paso del tiempo.

A partir de entonces he tenido un recorrido en las tablas, talvez corto si uds quieren pero bien gratificante, donde he aprendido de todo, con adversidades, risas, tristezas y sobre todo, conociendo gente enorme en el teatro y de quienes he aprendido mucho. Tal es el caso de Zoila Portillo quien, precisamente fué mi maestra en el TAU, además que es una actriz reconocida en el medio, desde hace muchos años y que gracias a estar en su curso, fué donde me dieron mi primera oportunidad para actuar, claro que fué de extra en la obra “El Santo de Guatemala”, pero no importó y se le puso toda la gana. En esa puesta en escena, hecha por Roberto Oliva, conocí a todo el elenco, que por cierto era de primera fila, con Salomón Gómez, Zoila Portillo, Javier Peralta, Manuel Del Cid, Alfredo Morán, Nancy Morales, Wladimir Chavarría, entre otros y donde tampoco puedo dejar de mencionar a otra persona que aparte de ser mi amigo en la actualidad, pues fué quién seguiría con esa cadena escalatoria y que sin lugar a dudas, me dió la oportunidad que tanto esperaba, Actuar!!! José Hernández, quién aparte de ser el fundador de Agrupación Teatral Alfa, también tiene un recorrido bastante amplio en el teatro y además en el cine nacional (donde también ahora su “servilleta” ha estado en algunos proyectos) pues fué quién me dió la “patadita” para estar en las tablas, lo cual se lo agradezco bastante. Desde entonces he recorrido algunas salas y cafe-restaurantes de teatro, así como también alguno que otro lugar de nuestra hermosa Guatemala.

Considerando que esto cada vez se vuelve mas extenso y tedioso de leer, común denominador de nuestro país lamentablemente, no nos gusta leer; es por eso que tengo que finalizar aquí no sin antes exhortar a cada uno de los que lea este post, a que le echen ganas a cualquier cosa que hagan en su vida y a no arrugar la frente para nada y les dejo una frase que mi viejo (Q.E.P.D.) repetía seguido “si vas a ser zapatero… sé el mejor zapatero”, entonces cámbienle uds el oficio mencionado en la frase por panadero, ingeniero, maestro, albañil, arquitecto, vendedor, etc. lo que uds hagan y van a ver lo que resulta. Amén