Espyder Sólo la locura me mantiene cuerdo…

7Nov/112

El bus no cuesta Q.1

Foto: mía

Hace algunos meses escribí un post sobre cómo fue un viajecito en bus urbano, de hecho, era una especie de relato desde que me subí al mismo y por supuesto, hasta que me bajé.

En esta oportunidad quise enfocarme más en el "bijain di isins" o más bien, en lo que no escribí la vez anterior respecto a ciertas cosas que, últimamente me han caído más en los huevos que de costumbre.

Primero que nada, el costo del pasaje no cuesta un quetzal, al menos, en lo que recuerdo de los últimos vergueos sobre el aumento al pasaje y lo que los rótulos anunciaban en los buses rojos como Q.1.10, pero bueno, seguramente se les hacía incómodo a los choferes dar noventa centavos de vuelto cuando pagabas con dos quetzales, o por su parte, al usuario se le hacía incómodo escuchar "le paso el vuelto" por parte del piloto y luego reflexionar en que seguramente, éste se iba a hacer "la momia".

Dejando a un lado el valor nominal del pasaje, hablemos del valor real, pero no del costo real, es decir, "una paloma" (tranquilos golosos, una moneda de quetzal digo yo) que es lo que le damos al ayudante/brocha o al chofer/piloto (o en algunos casos a la casera/mujer/traida de estos), al mismo tiempo que ves cómo chingados te agarras porque... eso sí, cada vez que el conductor detiene el bus y vuelve a arrancar, seguramente le pasa por la mente un dejavú en donde el gran cerote se siente en el autódromo Los Volcanes o en los carritos locos, ésto último más por la forma tan abrupta en que despegan el vuelo los abusivos esos.

Ahora sí, hagamos un ejercicio rápido de porqué no cuesta, lo que cuesta, el pasaje. (Este mismo lo haré conforme a mi propia experiencia, en lunes por ejemplo que voy al chance)

Le pago un quetzal al chofer, me subo hecho mierda, suerte que no lleve algo en las manos para agarrarme de donde sea lo más pronto posible, sino, ya me pisé, echo un vistazo a primera intención solamente para ver si hay algun caco a simple vista (porque si hay un encubierto, también ya me pisé), me acomodo - parado por supuesto - hasta atrás, debido a que recuerdo que no llevo nada de valor.

No hay nada comparado con ver el paisaje del trayecto, que inicia desde la 18 calle hasta el C.C. Pradera, sí, me debato en ver los rótulos y muppies entre las caras de los candidatos de toda índole, color y partido y las campañas pura mierda de algunas marcas, es difícil la verdad.

Nunca falta el pisado que te saque tema de cualquier cosa, sí, te hablan hasta por chingar. Manía más cerota esa. Mientras tanto veo ahuevado el reloj... se me hace tarde. Veo cómo me quito de encima al que quiere entablar una conversación sobre cómo van a quedar quedaron las elecciones, en eso, sube un vendedor de golosinas; claro que no tengo ganas de hartarme ni mierda, pero se me hace interesante ver cómo nos echa paja respecto a los "grandiosos y exquisitos" dulces con relleno de chocolate que nos ofrece el cuate.

Un paréntesis - Nunca entiendo porqué tanta carrera los autobuseros, agarran la costilla de la vieja como que llevaran coches (sí, por si no han visto cómo llevan a los coches al rastro, van todos revueltos y hacinados) acaso es rally esa mierda pues? será que hacen una diferencia si suben 5 personas en una cuadra y 2 a la siguiente? y en el caso del competidor es lo mismo. Me caen en los huevos las frasesitas "vaya chavo corréte porfa!", "viene vacío el bus, corréte porfa", "disculpa la molestia chavo, corréte, te lo estoy pidiendo de buena onda", va, pero eso qué pisados, lo peor es que cuando te vas a bajar, ¿dónde está la educación y la cortesía con la que te piden que mires cómo putas le haces, pero tenés que correrte?. No sólo paran como 3 cuadras después de lo planeado, sino que dicen otra de las frases que, en lo particular, se lleva el premio merecedor de una gran verguiada...

"vaya breves pues, breves!"

Puta deveras, que escribo esto y ya me empieza a temblar el ojo. Una vez iba con Juan Andrés en los brazos y por poco me voy de hocico. Solamente me volteé, seguramente le hice una cara de satanás al HDP que hasta disculpas me pidió. Claro, ganas de verguiarlo no me faltaron, pero con el bebé en los brazos tampoco.

En fin, regresemos al bus, a todo esto, los nervios alterados, golpes por donde sea; sí muchá, la otra vez sube una doña y me dejó caer un canasto en el pie que me cagué del dolor. Sepa putas cuántos cientos de quetzales llevaba en concepto de tortillas, aunque ahora que recuerdo bien, sentí una mierda como bote plástico, de plano era atol.

Para finalizar, no es que no me guste viajar en bus, al contrario, lo extrañaba cuando aún tenía carro incluso, pero ahora que viajo a diario en bus, extraño mi carro. Perdón, es la ambiguedad del día, jajaja.

Pilas pue!

 

 

Comments (2) Trackbacks (0)
  1. Muy buen relato. Me cagué de la risa todo el tiempo. Ahora ya sé como decirle a la mara por aquí cuando quiera meterles prisa y a la vez malearlos un poco:

    “vaya breves pues, breves!”

  2. Sï, siempre veo como van de socado los buses rojos ahí cerca de la Pradera, al final de la 20 calle.

    En parte entiendo que salgan hechos shit, porque cuando uno va en carro es increíblemente molesto quedarse detrás de un bus cuando están subiendo pasajeros, aunque no es justo para los que van adentro.

    Creo que al final todo es porque las calles son obsoletas y no están hechas para ese vergazal de motos, carros, camionetas, camiones, bicicletas y peatones.

    (buen post)


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